Amelia gritaba de dolor. Sus gritos eran enérgicos, pero daban ganas de llorar al oírlos. Cualquiera hubiera pensado que le pegaban latigazos, pero sus gritos eran constantes. Su marido se sentaba en la silla del salón, fumando un puro. Una muchacha iba de la habitación a la cocina muchas veces, para llevar paños húmedos a la parturienta, nerviosa. La matrona estaba empapada de sudor. Ella había estado muchísimas veces con esa misma mujer, ayudandola en esa misma cama. Perdía la esperanza de que el bebé naciera vivo en cada grito de la mujer. Todos habían muerto, salvo varios, que nacieron enfermos y los llevaron al orfanato o lo sacrificaban en cuanto divisaban su defecto.
Una hora después, el niño reposaba llorando a pleno pulmón en los brazos de Amelia:
- Eres Alma de jaspe, mi hijo - dijo felizmente ella.
[Esta es la historia de mis blogs, y este mismo. Espero que os paséis a veces, y disfrutéis, comentéis y discutáis incluso conmigo. Se os quiere]
Una hora después, el niño reposaba llorando a pleno pulmón en los brazos de Amelia:
- Eres Alma de jaspe, mi hijo - dijo felizmente ella.
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Espero que tenga una vida sana y feliz =)
ResponderEliminarBesotes^^